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Mujeres que inspiran: María Magdalena Castillo López

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María Magdalena Castillo López, conocida como 'La Trailera de Cristo', desafió las expectativas al convertirse en operadora de carga a los 49 años. Su sueño de ser Operadora de Tractocamión se hizo realidad en la Universidad de Tractocamiones ALA. Ahora, con 51 años, lleva la ruta de Monterrey a Laredo. Su historia es un recordatorio de que nunca es tarde para seguir tus sueños y superar obstáculos. Magdalena es un ejemplo impactante de resiliencia y determinación en la carretera de la vida.

María Magdalena Castillo López, conocida como «La Trailera de Cristo», desafió las expectativas al convertirse en operadora de carga a los 49 años. Su sueño de convertirse en Operadora de Tractocamión se hizo realidad en la Universidad de Tractocamiones ALA, y ahora, con 51 años, lleva la ruta de Monterrey a Laredo. Su historia es un recordatorio de que nunca es tarde para seguir tus sueños y superar obstáculos. Magdalena es un ejemplo impactante de resiliencia y determinación en la carretera de la vida.

Magdalena, cuéntanos sobre tus primeros días soñando con ser Operadora. ¿Cómo surgió esa pasión? 

R:  Mi pasión surgió cuando tenía 18 años. Siempre me habían fascinado los trailers. Después, mi esposo, que fue trailero toda su vida, solía llevarme como copiloto. Aunque siempre tuve la idea de conducir, él no me lo permitía. Decía que me iba a gustar y que no debería trabajar en eso. La idea nació principalmente por mi gusto.

Yo trabajé muchos años como operadora de transporte urbano de personal. El gusto ya lo llevaba en la sangre. En aquellos años, cuando intenté ingresar a una escuela de tractocamiones, mi papá no me lo permitió. Argumentaba que era muy peligroso para una mujer, que podría quedar varada en medio de la nada en la oscuridad y que representaba un peligro para una mujer.

A los 49 años, decidiste ir a la universidad para seguir tu sueño. ¿Qué te llevó a tomar esa decisión y cómo fue la experiencia en la Universidad de Tractocamiones ALA?
R: A los 49 años, decidí ingresar a una escuela de tractocamiones que en ese momento estaba vinculada con Soriana. Aunque inicialmente me aceptaron, más tarde se percataron de que ya había trabajado en una de sus tiendas y me expulsaron del curso. A pesar de sentirme desanimada, no me quedé quieta. En ese momento, un amigo me recomendó la UDAT, así que comencé a pedir informes. Aunque no estaba muy convencida debido a que la edad promedio para ingresar era hasta los 49 años, y recién me habían operado, pensé que todo estaba en mi contra. Sin embargo, a pesar de mis dudas, decidí intentarlo, ya que mi deseo de conducir un tráiler era muy fuerte. Me inscribí, y las puertas se abrieron efectivamente.

Recuerdo claramente durante la entrevista en la escuela, le mencioné a la joven entrevistadora: «En una semana cumplo 50 y aquí dice que la edad promedio es hasta los 49». Ella me respondió: «Para mí, tienes 49», además destacó mi historial laboral sólido, lo cual fue un factor positivo para mi aceptación en la escuela.

Durante mi tiempo en la escuela, enfrenté momentos difíciles en dos ocasiones y consideré abandonar debido a dificultades en las maniobras. Sin embargo, mi profesor Raymundo no permitió que lo hiciera. Recuerdo sus palabras al decirme: «Usted va a pasar Magdalena. Tú puedes, solo no te pongas nerviosa». Mi familia fue un pilar fundamental para que pudiera continuar en la escuela. Además, una amiga llamada Lolis también me alentó diciendo: «Tú puedes, hazlo por mí, hazlo por ti. Ya soy mayor y no puedo ir a la escuela, pero logra ese sueño por mí, que siempre ha sido mi sueño, y logralo por ti».

¿Cómo ha sido superar desafíos no solo como Operadora, sino también como mujer en un entorno predominantemente masculino?

R: Fue un trauma para mí, ya que éramos 20 hombres y yo era la única mujer. Obviamente, los muchachos me apartaban porque yo ya era una señora, pero de todos modos, lo logré.

¿Cómo ha sido tu experiencia en la carretera y qué momentos destacados recuerdas?

R: Yo primero trabajé en Intermodal, específicamente en el patio de ALA en Escobedo. Comencé como «Patiera», como se le conoce, realizando un trabajo bastante duro en los contenedores. Aunque era difícil, resistí durante dos meses y solicité mi cambio para la ruta corta con cajas secas. Se me brindó la oportunidad.

Recuerdo que al principio sentía miedo, ya que recorría media hora de carretera libre y el resto era autopista. Esa media hora de carretera libre era solo un carril con acotamiento. Al principio, iba despacio porque veía que todos me rebasaban. Con mi inexperiencia, sentía inseguridad. Nunca olvidaré que si el conductor delante de mí iba despacio, yo también lo hacía, nunca lo rebasaba. Ahora me alegra ser la que rebasa, con precaución, claro. Ya no tengo miedo, pero sí respeto por la carretera, que es diferente, y ya no me asusto tan fácilmente.

Otra de mis experiencias memorables fue cuando me quedé varada, como decía mi papá. Ese día pasé llorando porque me quedé en medio de la nada, específicamente en el Mamulique, en la primera bajada. Estuve varada en el monte, en plena oscuridad, y recordé las palabras de mi papá sobre que ese trabajo no es para mujeres, ya que te puedes quedar en medio de la nada, averiada y en la oscuridad. Y sucedió. Esta es una de mis anécdotas.

A lo largo de tu viaje, has superado obstáculos y desafíos. ¿Cuáles son las lecciones más importantes que has aprendido como Operadora y como persona?

R: Sin duda, he superado numerosos obstáculos en la carretera. Mi principal desafío era enfrentar la lluvia y la neblina, algo que representaba un gran obstáculo para mí. Gracias a Dios, he logrado vencer estos temores. Ahora puedo manejar en neblina densa y aun cuando está lloviendo, aunque siempre con extrema precaución.

Como mencioné anteriormente, es fundamental tener un profundo respeto por la carretera y por los factores climáticos. Aunque ha sido difícil, estos desafíos son superables. La lección más importante que he aprendido es que si ya tomaba precauciones extremas ante las inclemencias del tiempo, ahora debo duplicar esas precauciones y enfocarse aún más en la seguridad. La precaución es clave para afrontar cualquier situación en el camino.

Platicanos también un poco sobre la Ruta que transitas

Mi ruta actual es la corta, que va desde Escobedo hasta Laredo. Desde Laredo, me dirijo a Saltillo con carga para un cliente y luego retorno a Escobedo. Después, repito el trayecto de Escobedo a Laredo y de Laredo a Linares. Es un recorrido relativamente breve. Aún no me decido a emprender la ruta larga, pero considero que será mi próximo desafío y estoy decidida a lograrlo. Mi meta es aventurarme en la ruta larga y luego irme de transfer.

Para aquellas mujeres que sueñan con seguir tus pasos, ¿qué consejos les darías para enfrentar los desafíos y perseguir sus sueños?

R: Lo que aconsejo a todas las mujeres que me escriben, y son muchas, es que no abandonen sus sueños, que los persigan, los alcancen y los logren. La edad no es un impedimento; actualmente hay muchas escuelas de tractocamiones, como la Asociación de Mujeres Operadoras, que les brindan oportunidades a tantas mujeres. Es bonito, que nos tengan la confianza porque somos responsables. Me siento muy afortunada de ser la inspiración para muchas, ya que así me lo expresan. Me siento agradecida y halagada por ser un ejemplo para ellas.

Siempre les digo: «No abandonen sus sueños, sigan adelante». Aunque sea difícil, no es imposible. No dejen que sus sueños queden truncos; inténtenlo y verán que les encantará recorrer la carretera. Es una experiencia hermosa. Te sientes grandiosa al volante de tu tráiler. Mi tráiler se llama Sansón y hasta habló con él. Le digo: «Ánimo Sansón, no me abandones», porque es mi compañero de trabajo. A todas las animo a que sigan sus sueños, los alcancen y los logren. Al principio puede ser difícil, pero después les encantará. 

La historia de María Magdalena Castillo López, es un testimonio inspirador de perseverancia, superación de obstáculos y la búsqueda incansable de los sueños. Desde su temprano amor por los trailers hasta convertirse en Operadora de Carga a los 49 años. Su consejo a otras mujeres, alentandolas a perseguir sus sueños en la industria del transporte, refleja no sólo su determinación personal, sino también su deseo de ser una fuente de inspiración. Magdalena nos recuerda que, con resiliencia y valentía, es posible superar cualquier obstáculo en el camino hacia la realización de nuestros sueños.